miércoles, 31 de julio de 2013

Revista de prensa: El ácido hialurónico en la cicatrización de heridas.



En el ámbito de la actuación clínica diaria, el estudio teórico debe acompañarse de una aplicación práctica. 

Dado que en la revista de prensa de Julio se expusieron las características bioquímicas del ácido hialurónico (AH), he elegido este artículo de revisión donde se fundamenta la aplicación clínica del AH, elemento indispensable en la conformación de cualquier tejido cicatricial.

Más información tras el salto

El AH es un polisacárido común a la mayoría de las especies y se encuentra en muchos puntos del cuerpo humano, incluyendo la piel y los tejidos blandos. 

Se ha realizado una revisión sistemática de la literatura y meta-análisis para identificar los ensayos controlados aleatorios, evaluando el uso de derivados de AH en quemaduras, cirugía dérmica, y las heridas crónicas.  

Se identificaron nueve estudios que cumplieron con los criterios de búsqueda y los criterios de valoración clínicos de curación completa y el porcentaje de reducción de la herida cuando se utiliza AH frente a un control. Se encontró en la gran mayoría de los ensayos controlados aleatorios (ocho de nueve) que los derivados de AH mejoraron significativamente la cicatrización de las lesiones frente a terapias tradicionales o placebo (ya sea a través de la curación completa o una reducción significativa en el tamaño de la herida) que se produce por quemaduras, insuficiencia venosa , diabetes, insuficiencia neuropática, y la exéresis quirúrgica de epitelio (para la eliminación de tatuajes)​​. En el ensayo restante, se compararon dos formulaciones distintas de AH, donde la concentración más alta muestra unas mejores características en su uso. Además, se encontró en un meta-análisis un subgrupo de pacientes con úlceras neuropáticas en las que los derivados de AH cicatrizaron estas lesiones de forma más rápida que con las pautas habituales de cura. 

Estos estudios en conjunto muestran que los derivados de AH aceleran el proceso de cicatrización en quemaduras, heridas quirúrgicas, epiteliales y heridas crónicas.

En el mismo, se presentan los estudios aceptados en cuatro grandes apartados, según se examine el efecto del AH frente a:
  1. La cura tradicional en úlceras venosas.
  2. Placebo o Sulfadiacina argéntica en quemaduras. En este caso el producto de AH comparado también presentaba la sulfadiacina en su composición.
  3. La cura tradicional en pacientes diabéticos con úlceras neuropáticas. Si fuera fiel al artículo, los autores las separan en dos apartados: úlceras plantares y en el dorso por un lado y úlceras neuropáticas por el otro. Probablemente esta agrupación se deba a las palabras claves introducidas por los autores originales de los estudios analizados, aunque en la práctica no tenga sentido.
  4. Dos preparados de AH con concentraciones diferentes en la exéresis quirúrgica de piel para la retirada de tatuajes.

El uso terapéutico de este producto se basa en favorecer una matriz extracelular viable para la migración y diferenciación celular. Para comprender de forma exacta la importancia de la sustancia fundamental de la matriz extracelular, se debería estudiar la composición de los proteoglucanos y glucosaminoglucanos. Pero, de forma general, se pueden nombrar las funciones principales que tiene ésta:
  1. Hidratación y protección tisular. 
  2. Difusión molecular. 
  3. Movilidad celular. 
  4. Control de la comunicación celular. 

El AH, puesto de moda en los últimos años a nivel popular, se ha venido utilizando en ámbitos como la traumatología desde hace décadas. Desafortunadamente, en nuestro país, desde los años 70 se nos ha orientado de forma interesada a pensar en cuál apósito, antiséptico y/o pomada enzimática aplicar sobre una herida y no a conocer las bondades de las moléculas biológicas que siempre han estado ahí.

 Artículo comentado por Iván Julián Rochina